El amor, el querer y el amigo en el baño…

Uno de los sentimientos más puros que el ser humano ha recibido de Dios al dársele el soplo de vida divino que estableció la diferencia entre el hombre y las bestias fue el amor,  esta palabra breve y sencilla encierra la esencia de nuestra relación con el Ser Supremo, los estribillos de Dios te ama o Cristo te ama se han convertido en un estandarte de fe y esperanza que si bien han ayudado a comercializar la fe, también han sublimizado de tal forma la palabra amor hasta llevarla al pedestal donde Jesús la colocó cuando se le preguntó cuál era el mandamiento principal, el más importante de todos y Él respondió sin ambages:       

           “Amarás al Señor tú Dios sobre todas las cosas y a tú prójimo como a ti mismo.” 

Esta fue en síntesis su respuesta glorificando así el amor como el más sublime de los sentimientos. Claro es que no toda la expresión de amor tiene un mismo propósito, el amor como sentimiento es uno pero dependiendo de a que o a quien se dirija tiene propósitos diferentes, amor maternal, amor filial son dos ejemplos del amor en distintos enfoques, pero analicemos un amor que fue creado por Dios como base y fundamento de la familia instituida con el mandato/sentencia de creced y multiplicaos.  

El sentimiento que atrae a dos seres de sexos opuestos con el propósito de formar una familia debe ser una manifestación de ese mandato de Dios una entrega total que consiste en una unión de pensamiento, comunión de sentimientos y por último el libido que no es otra cosa más que el deseo sexual que en opinión de algunos desencadena una variedad de reacciones síquicas. Esta atracción sexual es confundida con el amor porque tiene emanaciones que nublan los sentidos y el ser humano pierde de perspectiva lo que es deseo y lo que es amor; quien no ha escuchado alguna vez a un compañero de tertulia decir; “cuando desperté y miré para el lado me espanté”, esta descripción de una experiencia sexual auspiciada por el deseo era antes casi exclusiva de los hombres, ahora ya no tiene fronteras de sexo, no hace falta ser sexólogo ni sociólogo para darnos cuenta que el matrimonio ha dejado de ser una condición para la maternidad o la paternidad y lo que antes era una vergüenza ahora es un símbolo de emancipación, el hombre fecunda y la mujer desarrolla en sus entrañas un ser que tal vez cuando nazca ya el padre no esté porque fueron hijos de la furia sexual, del deseo, del condón que no se puso o la pastilla que no se tomó, de espermatozoides embriagados que chocaron sin desearlo con la pasión de un ovulo distraído. 

El melódico romanticismo ha definido de forma bastante acertada las aventuras sexuales disfrazadas de amor con frases como: “todos sabemos querer pero pocos sabemos amar” y digo que acertadamente porque el ‘querer’ muere en la cama o sale de ella herido de muerte, porque su intención no es perdurar sino durar y mantenerse al rojo vivo durante el intercambio de fluidos. El amor sin embargo con el sexo se fortalece porque sexo es solo una parte de la relación amorosa, es un puente entre la carne y el sentimiento, entre lo tangible y lo intangible y es la única forma de que el amor de a la luz hijos del amor, cuantos habitantes de esta tierra son hijos del amor y cuántos hijos del querer, estoy seguro que no hay censo sobre eso pero a veces son fáciles de detectar. 

Hace unos meses escuche la breve historia de una autora y cantante novel que sufrió un accidente cuando se dirigía a una presentación que hubiese entonces encumbrado su carrera hasta los niveles en los que hoy después de su recuperación se encuentra, porque el talento el verdadero talento no se opaca con un accidente o con un retraso, el talento como la verdad tienen brillo propio. Curiosamente la canción que puso en la cima de la popularidad internacional a esta cantautora habla de una relación amorosa fallida con un pedante abusador que ponía solo migajas en el altar del amor. La protagonista de la letra de la canción buscó entonces un sustituto para la querencia, ¡ojo no para el amor! Sino para el deseo sexual reprimido por la ausencia del compañero de cama, el fetichismo sustituyó al suplidor humano del masaje vaginal ¿será este el concepto del amor del nuevo siglo? ¿Andarán las mujeres de ahora en adelante en la cartera con lápiz labial, colorete y un consolador? Realmente no tengo respuestas para estas preguntas y tengo miedo preguntar porque si la respuesta llega a ser sí, el amor estaría en vías de convertirse en un capricho y el hombre tendría que buscarse adminículos electrónicos para procurarse un alivio sexual adecuado, los fabricantes de baterías subirían sus ventas y las mujeres tendrían unas sonrisas plásticas a flor de labios y la pedantería del ‘no te necesito hombre’ dibujada en su rostro. Esta canción se ha convertido prácticamente en un himno para el tercer sexo, tampoco se las razones pero imagino que se basan en un sentido de independencia muy personal. 

Pero bueno amigos y amigas esperemos que pase la tormenta del querer y del falso amor y brille de nuevo el sol de la paz que representa el amor en todas sus facetas, pero siempre teniendo como norte el amar a tú prójimo como a ti mismo esperando confiado en que este prójimo entienda que tu eres el prójimo del prójimo. 

Le pido al Señor que tenga la voluntad de bendecirte, amén. 

Carlos E. Rodríguez Pardo       
 

Libido la tumba del falso amor y la madre de la prostitución