¿Y qué hago aquí llevando flores a un amor dormido?
Por: Carlos E. Rodríguez Pardo
Cuantas veces nos hemos hecho esta pregunta al vernos indefensos ante el consumerismo de nuestra sociedad, sobre todo en fechas como el 14 de febrero cuando aprovecha el mercantilismo para manipularnos despiadadamente anunciando toda clase de artículos para regalar a nuestros allegados sentimentales como muestra de amor, ¿y qué sucede con los amores dormidos con esos amores que fueron llama encendida y hoy son solo un sentimiento chamuscado?
Hace tiempo no recuerdo donde escuché un relato de autor desconocido que contaba que una vez el diablo citó en las puertas del infierno a todos los más perversos sentimientos del ser humano y lleno de rabia les ofreció todo el poder y la gloria de este mundo a quien destruyera a su mayor enemigo: el amor.
De inmediato un grito se escuchó desde el centro de los congregados:
Yo lo haré, nadie puede resistirse a mis ataques –dijo una figura de cara risueña e intrigante-.
¿Y tú quien eres? -preguntó el diablo-
Pues soy ni más ni menos que los celos, yo destruiré el amor.
Poderoso sentimiento eres en verdad, tienes una semana para hacer el trabajo y ven entonces por tú recompensa.
Al cabo de siete días frustrado y cabizbajo se presentaron los celos ante el diablo. No pude hacerlo -le dijo- lo herí con fuerza y cuando creí que lo había destruido de él surgió el perdón y el amor revivió aun con más fuerza.
Entonces el diablo molesto reunió de nuevo a sentimientos más viles y les dijo:
Los celos fallaron, no pudieron matar al amor, pero yo se que ustedes son viles y poderosos, quién de ustedes podrá matar al amor y convertirse en el más poderoso.
No había terminado el diablo de hablar cuando una figura elegantemente vestida con sutil voz femenina se acercó y dijo a los presentes, nadie puede resistirse a mis encantos soy la vanidad y ofrezco el deleite que embelesa el ego, yo lo lograré.
Al igual que dije a los celos tienes una semana para matar el amor, una vez lo hagas ven a recoger tú recompensa.
La vanidad se fue en su carruaje de oro y al cabo de una semana regresó mustia y marchita.
¿Y bien? –preguntó el diablo-.
Yo tampoco pude señor, cuando lo tenía debilitado casi a punto de extinguirse de él surgió la humildad y tuve que huir.
Nuevamente contrariado el diablo reunió a los viles sentimientos y les contó el fracaso de la vanidad. Yo no puedo destruir al amor les dijo, porque su sublime llama destruiría mi imperio, necesito que uno de ustedes lo haga y así el mundo será mío y lo compartiré con quien lo logre.
Desde la primera fila una figura caminó contoneándose hasta el diablo y le dijo: esperé por otros pero sabía que fracasarían, solo yo puedo destruir al amor y despojándose de la capa que lo cubría mostró su cara mitad hombre y mitad mujer, nadie se resiste a mis encantos, me llaman deseo y muchos me confunden con el amor y esto me da ventaja.
Pues adelante dijo el diablo, una semana como a los demás y ven a recoger tú premio.
Una semana después un maltrecho deseo pálido y ojeroso se presentó a las puertas del infierno donde estaba el diablo reunido con todos los horrendos sentimientos y sin levantar la cabeza reconoció también su fracaso diciendo; cuando creí que lo asfixiaba entre besos y caricias el perdón casi me mata.
Será posible que entre tanta maldad no exista nadie que me libre de mi mayor enemigo –dijo el diablo-.
Por unos minutos se hizo un gran silencio, el ambiente era tenso, de momento se escucharon unos pasos que provenían de las últimas filas de los congregados, una figura cubierta con una capa y sombrero negro se acercó al diablo y le dijo:
Yo lo haré y será fácil porque nadie me nota ni me tiene en cuenta, en una semana sabrás de mí –dijo al diablo-, y sin descubrir su cara ni esperar más respuestas se alejó.
Una semana después había fiesta a las puertas del infierno, el amor había muerto y todos los infames celebraban mientras esperaban al extraño personaje que había logrado matar al amor, esta arribó casi a la medianoche, todos gritaban a su paso y lo felicitaban, el sin inmutarse siguió su camino hasta el maligno y deteniéndose frente a él solo dijo:
Ya está hecho, el amor ha muerto.
Pero quien eres, como lograste triunfar donde tantos fracasaron.
Porque todos me buscan sin darse cuenta y despojándose de su gran sombrero negro dejo ver su espantosa cara soy la rutina.
Creo que poco hace falta decir después de esta fabula, pero si te encuentras llevando flores a un amor dormido, despiértalo, estremécelo, rompe la rutina, cambia las flores por un beso y cultiva el amor todos los días, no es necesario tener dinero para amar ni un regalo para lograr ser amado, el amor es gratis Dios te lo dio, úsalo para crear la felicidad que alimenta el espíritu.