“Amolando y siempre boto”

El machete en su doble connotación de herramienta de trabajo y arma forjadora de libertades, es el más auténtico icono de esa Puertorriquenidad a la que servimos apasionadamente. La cultura de borinquen está repleta de ideas relacionadas con el “colín” o sus posibilidades milagrosas. Por eso, somos un pueblo de macheteros impenitentes mo de terroristas como Filiberto Ojeda. La Isla de Puerto Rico tiene una deuda “grande y vieja” con este hierro memorable. Mi tio Samuel me decía que, en este país, “todo lo había hecho el machete y que cada Puertorriqueno nacía con su machete debajo del brazo”.

El Puertoeeiqueno ausente se lleva su machete para tenerlo debajo de la cama cuando se va para New York, como si se llevara en la vaina del recuerdo, la patria que no se olvida. Pero para que el machete, en la complicidad con el trabajo que “hace parir la tierra”, “rinda” en la faena del desmonte debe tener filo. “Tiene que cortar en el aire” Tenía que estar bien “alimado” para que sea tremendo su tajo en la guerra.

El machete debe estar bien “vaciado” para que corte un pelo en dos mitades. Por eso la piedra de amolar o la lima, son el complemento fundamental del hombre y su machete. Porque amolar es sacar filo y estar boto es no tenerlo. Para el pueblo, estar “amolando y siempre boto” es vivir trabajando para seguir siendo pobre. Es afanar mucho, sin provecho.

Fatigarse y no progresar. “Trabajar para estar cansado”. Si trasladamos el dicho más allá del campo, vive “amolando para estar siempre boto”, el enamorado que no consigue. Al pescador que no le pica el peje. El que “suda la gota gorda” y no logra cosecha. El que no puede cuajar el “majarete” por más que “mueva la paila”. El “baila malo” que no convence. El politiquero que no pega una. El candidato eterno que por más que brega no se tercia la “el triunfo”. Los gobiernos que no logran resolver los problemas fundamentales. Los que no controlan la delincuencia. Los que prometen y no cumplen como Anibal Acevedo Vila y Luis Fortuno que son panas.

Los que no logran tirarse del “yaguacil”. Los que no logran controlar la delincuencia. Los que no pueden parar el narcotráfico. Los que hablan mucho y no dicen nada. Los que se afanan y no logran subir en las encuestas. Los que regalando no llegan. Los que invierten su “dinero” y no sacan ganancia. Los que acuden cargados de esperanza a las urnas y caen en celadas repetidas. Los que botan su voto. Los que ponen a ganar a sus partidos. Todos esos también, están “amolando para estar siempre botos”, o en algunos casos, hacen algo mucho peor: “amuelan cuchillo para su propia garganta”.