LA HISTORIA DEL DIA DE AÑO NUEVO

 

 

Ya entramos en el mes de diciembre, aunque este año un tanto empañado por la incertidumbre de los resultados electorales y quien será nuestro próximo gobernador, y porque los políticos cada día que pasa sacan más sus garras y demuestran que lo único que buscan es sus beneficios personales y no los colectivos, no menos importantes aun es que cada familia de Puerto Rico pueda disfrutar junto a sus seres queridos dentro de sus limitaciones económicas y llenar la ilusión de un mañana mejor. Por lo tanto les traemos nuestra opinión de lo que significa el año nuevo para El Faro de Puerto Rico.

 

El año nuevo es una efemérides pagana tradicional que se observa cada 365 y pico de días de los movimientos lunares y solares. No tiene ninguna ligazón con ninguna filosofía ni creencia religiosa como por ejemplo la Noche Buena (nacimiento de Cristo)y la Epifanía (manifestación de los Reyes  Magos a Jesús). Es una fecha absoluta. Como fecha civil se celebra de la misma manera: pantagruélicas mesas adicionadas con libaciones alcohólicas, pero principalmente para reuniones familiares y renovación de afectos y amistad. Es quizás la única fiesta que no varía en su celebración en las diferentes latitudes del globo terráqueo: Europa, Asia, África, Lejano y Medio Oriente y América, pero no el mismo día. Verbi gracia, los Chinos la observan, en otra época y con referencia al año lunar.

Hay muchas rarezas en esta celebración de este día a partir de la media noche.

Por ejemplo, el calendario romano, muy similar al que usaban los griegos, tenia diez meses que correspondían a diez “lunaciones” de marzo a diciembre y coincidía con los equinoccios de primavera y de otoño. Posteriormente se añadieron enero y febrero para completar el invierno y doce lunaciones.

 

Las rarezas son las de no acabar nunca: la base para el calendario civil se derivó del romano y se llamó Calendario Juliano 44 años antes de Cristo y se basaba en el año solar. En vista de que cada año tenía más de 365 días se cambió a que solo tuviera esa cantidad y la diferencia se insertara en febrero.

 

Cada emperador sustituía los nombres de los meses. Calígula cambió septiembre por Germanicus en recuerdo de su padre. Uno de los inconvenientes del calendario juliano era que tenía 365.25 días, lo que implicaba que cada 128 años se acumulaba un día completo, que aunque parezca insignificante el error era acumulativo y ya para el siglo 13 después de Cristo, el error había juntado siete días. El Papa Sixto IV hizo intento por arreglar el calendario de entonces, pero fracasó. En el siglo XVI en pontífice romano Gregorio XIII decidió promulgar otro calendario (Gregoriano) en 1582, para la época la diferencia entre el Juliano y el Gregoriano era diez días y entonces se movió el comienzo del año en diez días.

 

Otra curiosidad es que Gregorio XIII ordenó que ningún año de inicio de siglo podría ser bisiesto a menos que fuera exactamente divisible por 400 y de ahí el 2000 fue bisiesto.

 

Muchos países adoptaron el calendario Gregoriano, excepto Rusia, que le acogió con el advenimiento del gobierno Soviético en 1917.

Como se advierte, el año Nuevo tiene diferentes significaciones y las que apuntamos no las incluye históricamente como exactas, sino como meras informaciones folklóricas o, mejor dicho, de  memoria. A veces se escribe de maña y eso conduce, naturalmente, a erráticas concepciones, como pudiera ocurrir con el presente remiendo de El Faro.

 

Ahora bien. En lo que no hay posibilidad de equívocos es que el año es tal tiempo en que la tierra completa su movimiento de traslación alrededor del sol o sea el año denominado civil. Nos animamos al aglomerar estos datos, que no tienen paternidad legitima, porque como hemos dicho Cheo Cruz no es de esta tierra es de Marte, y solo nos guía un gran deseo de la redacción de El faro de recordar el porqué se celebra la gran fecha del 31 de diciembre de cada año, cuarto año de haber iniciado el tercer milenio de la Era Cristiana, pues pretender otros objetivos corresponde por supuesto a los eruditos en ciencias y letras. Pretendemos ser solo imitadores de periodistas y el Periódico El Faro, en el mejor de los casos, como decía Schopenhauer, es un espejo.

 

“Año Nuevo” no tiene doliente, ni quien le cante ni quien lo adore. Empero, “Noche Buena” si, que tiene su himno en la hermosa y tierna canción de “Noche de Paz”, pero ambas simbologías se caracterizan por su magnificencia espiritual.

Desgraciadamente vivimos un mundo de velocidad, sobre saltos e incertidumbre ahora porque quedamos como pueblo dividido en dos como el niño de la historia del rey sabio Salomón, aquel no se concretizó porque la madre verdadera se interpuso, pero en Puerto Rico no ha aparecido todavía una madre para interponerse entre la división de los hermanos Puertorriqueños, pero rogamos por ello.

 

 Estamos perdiendo cada día la esencia que impulsa la sensibilidad. Hace falta que las vuelvan a insertar en el corazón y el espíritu de la humanidad. Esperamos que este año 2005 a la media noche lluevan los mejores mensajes, las más grandes fantasías, las más fluyentes esperanzas y la más complicada arquitectura del futuro. No precisamente como en antes, en tiempo de nuestros abuelos cuando el mundo estaba menos deshumanizado.

 

Uno amaba al otro como a sí mismo. Recordamos en nuestro lar nativo, como el cambio de año se conmemoraba con más intimismo espiritual. La gente se tiraba a la calle para ir de casa en casa para intercambiar saludos y deseos, y volvían a sus hogares para conmemorar el cambio con la tradicional cena y brindar por la común felicidad. En el  instante del traspaso del año viejo se oía con solemnidad las doce campanadas y la ensordecedora sirena del Cuerpo de Bomberos anunciando la buena nueva. Se escuchaba la detonación de cohetes con fascinantes colores. Los niños quemaban cohetes Chinos y velas romanas y explotaban garbanzos en medio de inocentes griteríos. Y en la época de la existencia de los bateyes de los ingenios azucareros se perdía la noción del ruido con los exteriores silbatos de la casa de caldera que se escuchaba a kilómetros alertando la festividad.

 

No es que ahora no se observe con regocijo la fecha de Año Nuevo, pero como antes cuando todavía se amarraban “los perros con longaniza” y cuando los mayores bendecían a sus proles y sus ahijados. Naturalmente que no había discotecas, ni  jeans, ni destape, ni exhibiciones de ombligos a granel. Ni los hombres usaban pantallas en busca de características análogas a las féminas, ni mucho menos tanta arma larga y peligrosa para cometer crimen que ha sustituido al cohete Chino, y las velas romanas indefensas, ahora inescrupulosamente disparamos al aire y traemos en vez de alegría, sosiego, paz  y gozo a nuestras familias y vecinos, traemos incertidumbre, terror y muerte.

 

El mensaje que todos tenemos que llevar presente la noche de año Nuevo este año 2004 debe ser que el sueño Puertorriqueño se convierta en fe en lo divino, la paz, el progreso, la perseverancia, la energía, la moral, el patriotismo, el respeto mutuo, la certidumbre de lo moral y la afirmación de construir un futuro lleno de amor y esperanza y sobre todo de unidad entre todos nuestros hermanos despintando los colores partidistas y blanqueando nuestro ser, pidiendo por los confinados en las cárceles, desvalidos y olvidados, por los diambulantes, que no tienen un techo con que cobijarse ante la inclemencia del tiempo de este mundo, por lo que no tienen con que y que comer y por nuestro enfermos y nuestros viejitos que todo lo dieron por nosotros, QUE DIOS BENDIGA A CADA  UNO DE LOS RESIDENTES DE ESTA TIERRA, PARA QUE PODAMOS SOBRELLEVAR ESTE VIRTUAL EMPATE EN LAS PASADAS ELECCIONES Y CONSTRUYAMOS UN PUERTO RICO MEJOR. ¡FELICIDADES PARA TODOS!