ANTE LA MUERTE DE JOSE E. APONTE DE LA TORRE UN AMIGO VERDADERO Y PARA SIEMPRE.
Por José Cheo Cruz
José E. Aponte: tú sabes que no sé fingir mis afectos, ni me gusta que la gente se muera para escribirle historia o panegírico. No me gustan los muertos, aunque sea un devoto de Celestium porque mi amigo Carlos Rodríguez Pardo se lo merece. Yo no sé otros, pero yo te quería, te apreciaba tanto que mis supuestos “amigos” del PNP , cada vez que pueden me dicen Apontista traidor Yes, yes!”.
José Aponte: te gustaba tampoco hablar de muertos y nunca hablaste de tus achaques solo seguías pa’ lante hasta que el cuerpo aguante por Carolina (como hace el bien criado). Pero esta historia es vieja, José o Pepe, desde que nos conocimos en Malpica Río Grande en las elecciones del 2004, donde trabajaste en varios pueblos por el distrito de Carolina la campaña de los Gigantes porque quería ganar en Río Grande y me reclutaste. Te moriste de la risa cuando te dije que como podías reunirte conmigo si yo era devoto de Carlos Romero Barceló y que ya estaba pensionado como Corrector de Estilo de un periódico, el “Faro”, que cada edición dura varios meses en salir.
Pero quien no te conoció bien, no sabía de tus habilidades. Todos conocían tu talento. Una vez le ganaste una discusión a todos en Carolina acerca del bien común, que es lo que se ha perdido ya en los políticos Puertorriqueños y que debe ser la rayita que se coloca sobre la frente de todos los candidatos en nuestro país para formar la verdadera sociedad de todos y no de unos pocos. Tú no peleabas, José Aponte, pero eras como una aspiradora: lo captabas todo, aunque no opinaras.
Y te reías como tus ojos grandes, “de juguete”, como decía Julio Torres (Yuyo), cuando te decía que eras el único alcalde que “ponía a los extranjeros y criollos y los hacia Gigante como una magia a hablar en lenguaje literario de la tierra de Gigante”. ¡Eras un diablazo, José! Me acuerdo, a raíz de un problema en el Departamento de Recreación y Deportes con Rubencito Quintero como siempre que se resolvió, que dijiste una de las ordenes de las mejores al decir que nada con el y todo con el , al ordenar que tu retaguardia Víctor Suárez resolviera todo para Carolina y los deportistas advirtiéndole a Víctor , que los tuyos responderían por ti. Y tu talento era tan singular, que muchas veces respondiste en versos y en décimas, porque eras un maestro, un artesano de la política Puertorriqueña.
“¡Poeta Babú: es que tú eres muy jodón!”, me decías. Pocos, fuera de mi familia fueron tan solidario conmigo, y la última vez que te vi, gordo, al lado del Lcdo. Rodríguez el cariduro, te saludé, y te dije: “¡Te salvaste José, que feliz me siento!”. Me acuerdo cuado vi los ojos de Calíope, que dije: “¡Esos ojos son de José E. Aponte de La Torre el Gigante Mayor!”, y tu hijo grande, fuerte, con ojos hermosos y frente ancha, que parece actor de cine y te dije, ¿te acuerdas?, “José Carlos, pinta lindo”. Y cuando conocí a la señora de tu hijo la ingeniera, su esposa, creo que en el Club deportivo, que te dije: “José: ¿y esa mujer tan grande, hermosa y blanca, de quién es?”, y reímos como locos, mi yerna hermosa y muy inteligente tienes que ayudarla también para que sea la Doña Dally que tu tenias en esta tierra, la misma que fue conmigo y marisol Correa a cocinar a los niños con enfermedades terminales en la casa Ronnal Mcdonnal en Santurce te acuerdas que me dijiste tu te crees que mandas hasta en mi casa, y te saque mi risotada de guacamayo.
Hay gente, José, que tiene su carisma, y muchas veces, buscabas un lugar apartado de la Redacción, porque todo el que llegaba preguntaba por José Aponte y no te dejaban ni trabajar, ni concentrarte, porque tú eras la atracción de las redacciones, la estrella. Y cuando te daban cuerda, que ya no intervenía, me decían -como cuando iba a tus oficinas a tratar de resolver contra los enemigos de Carolina, experto en eso-: “No le hagas caso me decía”. Porque tú no peleabas, aunque un día tuviste que trompear a Rubén Quinterito en “El Sol”, porque te salió el sureño, el cayellano por los poros , el guapo que tienen dentro los sureños y los Puertorriqueños.
Eras loco con tu familia, José, y trabajabas más que todo el mundo, muchas veces solo en la oficina del 5to piso, a veces llegaba a las 6:30PM a ese quinto piso y todavía estaba allí, para protegernos a todos en Carolina y en Puerto Rico. Tus carros y últimamente tu oficina en el Hospital del Maestro siempre estaban repletos de papeles y de regalos y juguetes para tus nietos.
Siempre que pasábamos por Cayey rumbo a Ponce o Salinas, alguien decía: “Llegamos al pueblo donde nació José E. Aponte de La Torre”. y se me hundió el pecho cuando te vi en el ataúd cerrado , te imaginaba delgado, tranquilo y sereno, y lo que más me dolió fue que en mi imaginario creía que te morirías ya viejo, como tu papá, y te veía con tu bastón y todavía quedaba mucho para dar por Puerto Rico.
A medida que te metías en edad, tu sabiduría y prudencia se condensaban. Lucías impertérrito. Tú, Carlos Romero y Don Germán Rickeijot, me dieron los mejores consejos para poder vivir en esta aldea de chismosos, mediocridad y medianías. Tenías un axioma, José: no hablabas mal de tus compañeros alcaldes ni políticos por hablar, al igual que otros amigos, Me decías. “Tú no ganas nada con pelearte con Rubén Quintero”, y yo te decía: “Carlos Romero Barceló, tiene 50 años peleando y él sabe que no es personal”. Así eras tú, José Aponte de La Torre.
Debo, José, para terminar esta conversación y dejarte tranquilo en el lugar sin límites donde te encuentras hoy (salúdame a mi madre y a mi padre que eran residente de Carolina y dile que lo lloro todavía), acordarte dos cosas que te hacían único: sigue ayudando a todos no importa el color de sus camisas que eso deja mucha estela buena para la tranquilidad de todos, supe que Churumba está refunfuñon porque tu le esta quitando su curul en el cielo, búscate a Don Germán que estoy seguro que el estará de tu lado y a Jr. Cruz, le puede servir de coach, que de seguro su equipo de sofball femenino esta completo y tu puedes enseñarles a las muchachas especialmente a Donna Terry a lanzar la bola adentro para que todos sigan juntos y ganando, recuerda que nosotros, que todavía estamos aquí en la Carolina que todos queremos, y que tu quería, vamos a ti, porque tu eres el Gigante Mayor, sigue en la formación de ese equipo, pero no te olvides de ayudarnos y de aclararle el entendimiento a tu hijo José Carlos todos los días, para que siga por tu ruta y que no se lo coman los arpías que tu sabes quienes son, pero te burlabas de ellos, porque tu sabia lidiar con ellos sin la barrera del idioma, porque a José Carlos Aponte, tú lo enseñaste con tu don de gente.
José Aponte: eras único y serás una estrella para tu generación y un prócer. Eras un verdadero polígrafo que con una palabra creaba todo un mundo narrativo, te recuerdo siempre. A ti te prometo lo mismo, “mi tiempo en este mundo será para el bien común y para la Carolina que tú querías y construiste.
Como dijese Simone de Beauvoir: es posible que jamás nos volvamos a ver en ninguna parte, pero aún así, agradezco al cielo por permitirme compartir este tiempo contigo José. Sin fingimientos: José, yo te quería de verdad. No sé a otros, pero a mí, que cada vez me quedo más solo, me haces falta. “¡Oh, muerte, ven callada// como sueles venir en las saetas!”