EL FANATISMO SATANICO DE ALGUNOS EN EL PUEBLO DE FAJARDO.

 

José Cheo Cruz

 

El pasado sábado 19 de febrero de 2005, escuché a algunas damas de Fajardo o damiselas lanzar al aire, por una Radioemisora, improperios impublicables en un juego de béisbol entre Los Cariduros de Fajardo y los Gigantes de Carolina AA, para mi sorpresa, aunque conozco por propio y personal conocimiento que en Fajardo son enfermizos con eso de su patria chica, y eso no es malo al contrario lo fomentamos, pero lo que me dejó muy mal y de muy mal gusto fue escuchar palabrotas impublicables de supuestas damas o damiselas de ese pueblo al que admiro y quiero muchísimo, (me dieron de comer por mucho tiempo), ya que dirigí sus fiestas patronales y carnaval, por años gritando improperios, porque su equipo le daba una pela a sus contrarios los ex Guerrilleros de Río Grande ahora Gigantes de Carolina como si se tratara del circo Romano.

 

Sucede que en Carolina se había llenado el parque de niños componentes de equipos de pequeñas ligas de dicho Municipio, y recibieron esas diatribas para sus nuevas computadoras, y la sala de  su cerebro llenada de muebles satánicos reprochables como estos.

 

Hacemos un llamado a su representante Mayor y mayol, como usted prefiera, Aníbal Meléndez Rivera, a que no fomente los circos Romanos en el béisbol doble A, hay amores que matan y ese es uno destructor e intoxicador, ante tal situación, la siguiente reflexión viene como anillo al dedo:

 

“Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le fuera que se le atase al cuello una gran piedra de molino y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Mt. 18.6.


En la niñez están encarnadas la inocencia y la pureza. Un niño o niña es como una computadora nueva y con gran capacidad de carga, que debe ser comenzada a llenar, programa por programa. Del “usuario” de esa nueva computadora dependerá si es bien utilizada, si es llenada de virus, si servirá de instrumento de provecho mantenido en excelentes condiciones, o si es llenada de “basura” o material “no deseado”. Dejando el paralelo digital y acercándonos a una interpretación humana como la hecha por Jesús cuando dijo “dejad que los niños vengan a mí”, hemos de entender la belleza y la concomitante vulnerabilidad de ellos y ellas. Las personas adultas somos las que moldeamos el comportamiento final de los y la menores; somos capaces de levantar seres humanos buenos, humildes, felices y progresistas, o por el contrario, malos, infelices, delincuentes y perverso. Los padres y las madres, tenemos un compromiso de incalculabes consecuencias que debemos asumir indefectiblemente. No hay opción: A los hijos hay que criarlos. Y Jesús nos da una sentencia a la que debemos prestar atención: “A cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le fuera que se le atase al cuello una gran piedra de molino y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Nuestra es la responsabilidad, y de todas aquellas personas que tengan frente a sí a un niño o niña, aunque sea por unos segundos. No lo olvidemos.