FIDELIDAD A UNO MISMO
Por José Cheo Cruz
Pese a que estoy consciente de que “todo el que se mete a redentor, muere crucificado” –como le escribiera su madre a José Martí, y como me repetía mi santa madre, Consuelo, sin haberlo leído nunca--; estoy más consciente aún, como los viejos maestros de periodismo, que todo el que se mete a "opinador" tiene que tener al menos dos cosas: valor para decir sus verdades y compromiso con esa masa amorfa llamada "pueblo", que es de donde venimos todos. De lo contrario, no es más que un farsante.
Una de las debilidades mayores de los ciudadanos que han crecido sin un marco referencial propicio a mejorar nuestra sociedad, es la falta de fidelidad. No me refiero sólo a la matrimonial, sino a serle fiel a ciertas creencias básicas acerca de la vida, a ciertos valores. Si para usted la honestidad es un valor que merece respeto, y que quisiera transmitirles a sus hijos, entonces no sea deshonesto. De entre la gente que hace vida pública, se me ocurre que hay pocos ejemplos de actitudes que reflejen la importancia de actuar en consonancia con lo que se predica o se dice creer.
La reflexión viene a cuento porque ciertos personeros de la pasada administración Municipal de Río Grande se han dedicado a amenazar e insultar a algunas personas que nos han auspiciado nuestro periódico ya sea en el Internet o escrito, y eso es algo realmente inusual. El político que no soporta el que se le diga la verdad o que se difiera de el no, debe tener siquiera el privilegio de estar en la palestra pública, hemos recibido cientos de email, y llamadas unos apoyando nuestra línea editorial y otros criticándola, pero no por eso desearíamos la muerte de los que están en contra, una posición que no soporta ni acepta la deserción deja mucho que decir acerca de sus principios o su moral pública.
Nosotros reconocemos el derecho de todos a ejercer su derecho a la libre expresión y eso tiene doble vía no es ciego de un ojo o sordo de un oído es un derecho inalienable y moral que le asiste a todos y no somos la excepción, lo que pasa es que existen en Río Grande algunos que defienden lo inmoral, la corrupción y el robo del erario público solapadamente porque se han beneficiado de ese accionar de algunos que para bien de este pueblo son los menos. Nosotros no nos oponemos a que usen sus servicios, como haría un médico, pero debemos denunciar esta afrenta a la libertad de expresión dando las implicaciones morales que tiene para nosotros el decirle la verdad y nada mas que la verdad donde sea y como sea sin paños tibios, son los que van a misa pidiendo a Dios que los ayude en las acciones inmorales de robo y acciones deshonestas incluyendo la fidelidad a los principios, son aquellos que por no ofender a sus panas lo respaldan hasta en el uso de las drogas, cuando sentado a su lado estaría el pastor o el cura como abogado de los implicados, no como entrevistado, sino como co-productor del programa de corrupción que nos ha arropado.
Es muy infrecuente que veamos en nuestra sociedad acciones de personalidades públicas fundamentadas en principios, en fidelidad a sí mismo. Un raro caso seria que no aparecieran los abogados de la maldad tratando de destruirnos y callarnos la boca, cosa que saben no lograran a menos que no hagan real sus amenazas de muerte que nos tienen acostumbrados, nosotros ya no podemos continuar respirando el vaho putrefacto que inundó ciertas áreas de la administración pasada Municipal de Río Grande y en algunos sectores del PNP. La mejor muestra de cuanta razón tenemos al escoger desvincularnos de aquello, han sido los escándalos imputados a Carlos Mercado Guzmán y sus alicates, donde el pueblo nos dio la razón, que según creemos merece seguir en el Departamento de justicia, pero en el banquillo de los acusados.
Somos tan propensos a relativizar todo, que en la cultura Riograndeña es prácticamente desconocida la costumbre anglo-sajona de castigar con el ostracismo social a aquellos ciudadanos cuya vida ofrezca apariencias de tendencias pecaminosas. Todos reburujados, los roces con las inconveniencias de la ley o las buenas costumbres son vistos algo así como enfermedades pasajeras, y es más aconsejable visitar al paciente para desearle pronta recuperación, antes que hacerle un “fó”, no vaya a ser que comprada la impunidad y reinsertado con plena gracia al círculo social, quede el periquitoso en desgracia.
En la Sociedad existen ejemplos notables de familias que pasaron toda clase de vejámenes por ser “desafectas” al régimen. Pero la mayoría se plegó, y todavía hoy mucha gente con bacalaos a cuestas, que deberían tener más vergüenza que orgullo, funge de árbitro social o censor de buenas costumbres. Y todo porque poca gente se atreve a vivir públicamente con la dignidad que su conciencia le dice, en susurros, que es posible alcanzar, rechazando apestosas imposturas.
El día que los Puertorriqueños aprendamos el gozo de vivir con fidelidad a nuestros principios, incluso renunciando a la comodidad o ventaja que pueda derivarse de mediatizarlos o acomodarlos a conveniencia, tendremos un pueblo infinitamente mejor, pues habremos superado una pobreza mayor que la material, que es la pobreza espiritual.
No sé otros, pero esas son mis esperanzas: que todos esos entuertos se vayan subsanando, enderezando, no para mi bien ni el de los míos, sino en beneficio de este pobre oscuro "pueblo sonriente",que tiene más de 500 años con "los ojos perdidos de esperanzas" esperando la hora de su redención o de la caridad de sus gobernantes.
Muchas veces la grandeza de los hombres resulta de las pequeñas decisiones que toma cada día, y no de alguna gran acción en el curso de toda la vida. Agradecemos a los que nos han apoyado y repudiamos como inmorales aquellos que meten presión a los comerciantes para que no nos apoyen, recuerden que los principios morales van por encima de partidismo politiqueros y asquerosos, Médicos y profesionales en general que se supone defiendan al pueblo no lo hacen y dueños de negocios de comestibles que infectan sus mercancías estornudando incluso debajo de la alfombra es una inmoralidad de marca mayor, por nuestra parte seguiremos diciendo la verdad duélale a quien le duela.
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