DEJEMOS DE CHOCAR CON LA MISMA PIEDRA

Por José Cheo Cruz

En Puerto Rico hemos creado un grupo dirigente  que se repite de manera desagradable día tras día y vamos de menos a más en la falta de ética y moral dirigencial.

No hay ningún progreso en la sociedad Puertorriqueña. En muchos casos se puede asegurar que ha retrocedido de manera indecente, irresponsable. El espejo Puertorriqueño devuelve siempre las mismas imágenes: el político logrero; el policía corrupto y ahora hasta  matón a sueldo, ladrón, fabricador de casos y abusador; el comerciante que engaña con el peso de los bienes que vende, con la medida de la tela que ofrece, con la calidad de la mercancía; el cura o el pastor adulón de los ricos de cuya “generosidad” depende para vivir porque carece de moral para que sus feligreses mantengan la parroquia o la iglesia; el profesional (periodista, médico, abogado) dispuesto a cualquier bajeza con tal de escalar la escala social hasta sacar la cabeza sobre la multitud.

Tales personajillos los encontramos en el Puerto Rico de hoy y no hemos sido capaces de romper esos moldes y crear otros que produzca ciudadanos como los que describimos en discursos, libros, artículos que ya estoy cansado de escribir sobre ellos y veo muy pocos.

Lo llevo dicho, de manera machacona, constante, incansable, que el principal problema de nuestra Isla de macondo Puerto Rico es la distorsión de la escala moral.

Desde que somos pequeños se nos habla de lo importante que es llegar primero y alcanzar las metas más altas antes que los demás, demostrando así que somos más fuertes, más inteligentes, más diestros, más merecedores de la fortuna y el reconocimiento.

Producto de esa obsesión, vemos cada día que la gente se mata por estar en la primera página de los periódicos y revistas, en el primer asiento del autobús, en el primer escaño del poder, en la primera línea de las reparticiones, en el primer lugar de las competencias y hasta en el primer lugar de los afectos y las memorias de aquellos que aman.

Con una agitación política que está alcanzando su nivel más álgido, haciendo de la Isla de Puerto Rico una batalla campal en la que los otrora amigos están luchando con todo lo que pueden para alzarse con la candidatura a la gobernación, Legislaturas y a las alcaldías y hasta matamos a nuestros enemigos políticos a destiempo como Epi Jr. en Carolina que pide todos los días que José E. Aponte de La Torre se muera, aunque yo deseo de corazón que Dios lo proteja y le de mucha salud, o a un Luís Fortuño traicionando a su mejor amigo Pedro Rosselló, ante este cuadro de desolación y desconsuelo, nos conviene recordar que lo importante en la vida no es estar en el primer lugar sino trabajar por el proyecto en el que se cree. En este caso, partiendo del trabajo para mejorar nuestra Isla. Con un proyecto país de bien común para todos, no importa el color político partidista.

Veamos algunas de las otras distorsiones de Puerto Rico:

Amigos y familiares de los funcionarios que los tildan de pendejos porque no se aprovechan de las posiciones públicas para las cuales fueron designados; y los inducen a cometer todo tipo de actos inmorales e ilegales todos los sabemos pero el que los señala sale trasquilado y/o acusado de dichos hechos de eso si que puedo hablar, funcionarios que usan las posiciones públicas para la acumulación originaria de capitales a partir del tráfico de influencias, de la recepción de porcentajes por la concesión de contratos o por la compra de equipos y materiales de trabajo; comerciantes que introducen contrabandos con el contubernio de directores o empleados de Aduanas y de los muelles; empresarios que pagan los tributos a los directores y a funcionarios de la oficina de cobro de impuestos en desmedro del fisco, como en Hacienda y el CRIM, así como patentes Municipales, pagan a los que otorgan permisologías y si no pagas te niegan los permisos sin razón valida alguna, de eso hay muchísimos casos en Carolina Puerto Rico; ¡saludos compadrito! maestros corrompidos que fuerzan relaciones sexuales con estudiantes deficientes y estudiantes que emplean sus encantos para pasar una materia; padres, familiares y amigos que aprovechan el parentesco o la cercanía para abusar de la ingenuidad de jovencitas y jovencitos a quienes fuerzan a mantener relaciones sexuales (de estos casos sólo se conocen los de gente del común, cuando el caso involucra a “personajes de alta alcurnia”, el asunto queda en familia); padres, médicos y autoridades que en combinación con fiscales y jueces corruptos contribuyen a que jóvenes de “buena familia” no sean procesados por el uso, abuso y venta de drogas, casos archivados por influencias con los jueces politiqueros que tenemos en Puerto Rico y otros fabricados donde con amenazas te fuerzan a declararte culpable sin serlo.

La lista del tipo de gente cuyo rostro se repite desde los tiempos inmemorables de la Isla del espanto Puerto Rico es larga, larguísima y desagradable. Aquí faltan uniformados y ensotanados, o pastores, por ejemplo.

Muchos de nosotros los conocemos, sabemos quienes son,  los tratamos y, por lo menos en su presencia, los aceptamos, aunque sepamos sus andanzas y eso hay que pararlo ya aunque nos acusen de nuevo.

Constituimos, los bandidos y los que intentamos no ser malos, una sociedad que necesita, demanda, requiere y exige ser volteada patas arriba y ser transformada para el bien común en ética y moral sin precedente.

Si sólo se enseñara, en el hogar, en la iglesia, en la escuela, en todos los lugares, a que los niños aprendieran a respetarse a si mismos, quizá en una o dos generaciones el espejo reproduciría otros rostros, por eso hasta los deportes se infiltran los anti éticos y los corruptos con nuestros niños, les llenamos las computadoras de su cerebros con virus peligrosos que terminan destruyéndolos y formando jóvenes delincuentes, ante ético y amorales, porque tenemos demasiados bandidos enseñando bandidaje en nuestra sociedad.

Rostros, como por ejemplo: de jueces que no se quiten la  venda, periodistas que siempre ejerzan con apego a la verdad; médicos y abogados que piensen en servir antes que en el tamaño de la cartera de quien solicita sus servicios; curas y pastores a quienes no les importe el volumen de los bienes de los feligreses; policías y agentes del orden publico que sepan y respeten su papel de guardianes del orden público y de la soberanía e independencia de la nación, Estados Unidos; maestros que aprendan para enseñar a pensar, no para repetir teorías y datos que se encuentran en cualquier enciclopedia o en uno de los cuchumil portales del Internet; comerciantes que no engañen y funcionarios que no se dejen corromper. Quizá no fuera tan cuesta arriba como parece, si desde las más altas posiciones del país se ofrecieran ejemplos de humildad, solidaridad, honestidad, cumplimiento de la palabra empeñada, respeto por la ley y por sus semejantes.

Por algún lado hay que comenzar. Podemos hacerlo, pero no nos proponemos hacerlos, atrévete a seguir estos consejos, y  mejóralos y leguemos algo de altura para el país Puerto Rico, ¡carazo! o nos hundimos frente a la bahía y ante los ojos de todos.