LOS “ABOGADOS” SON FELICES DE LA INFELICIDAD DEL POBRE.

 

José Cheo Cruz

 

EL LITIGANTE TEMERARIO.- En derecho existe la figura del “litigante temerario”, que es un abogado que, conociendo la debilidad institucional de nuestros países, inventa todas las chicanas jurídicas y los incidentes con la finalidad de retrasar el debido proceso y que su cliente sea nunca condenado. Es una forma de lograr la impunidad. Por eso, José Martí, el apóstol de la independencia de Cuba, produjo aquella famosa frase de que “la inteligencia sin probidad es un azote”.

 

Otro abogado de campo, Abraham Lincoln, afirmaba que hay colegas abogados que creen que salen indemne de los juicios que defienden, aunque no es así, pues la imaginación del pueblo los ligará siempre a la causa de su defendido, sobre todo cuando los casos que defienden han conmovido la conciencia nacional.

 

De la enseñanza de Lincoln se desprende que, si bien es cierto que todo acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario, si vemos las películas que hace Hollywood siempre al lado del daño de los malditos aparece el abogado que defendió su caso, lo que quiere decir, que todos los casos, por jugosos que sean, no pueden ser defendidos, ya que como decía Ortega y Gasset, todo hombre moral tiene una ética que defender.

 

Sin duda alguna, los casos embarran, y embarran más a los litigantes temerarios. Si no, sólo hay que ver si Emilio Zola creció moralmente en Francia cuando defendió al capitán de origen Dreyfus en su famoso “Yo acuso”. Para dejar un poco los ejemplos, nos queda el famoso calificativo que el abogado y gran pensador ruso Plejánov le aplicaba al también abogado y líder de la revolución bolchevique Vladimir Lenin: “Abogado chapucero”, y yo dudo que en nuestros tribunales haya algún abogado que se acerque ni en sueños al brillante pensador y más exitoso de todos los revolucionarios conocidos: el gran Lenin, cuya momia tiene 77 años en el Kremlin de Moscú, la capital rusa. Y esto lo digo porque hay gente que se atreve a comparar a cualquier arácnido habilidoso con Lenin, porque así de temeraria y osada es la ignorancia, según Sócrates.

 

Los perversos abogados que existen en Puerto Rico y grupos de ellos como el llamado Colegio de Abogados, que se pintan de neutrales, cuando lo que han sido por los siglos de los siglos, guarida de buscones intelectuales, “dueños” de la verdad monda y lirondas en el seno del pueblo.

 

La actuaciones de ciertos grupos de abogados y especialmente del Juez Juan Pérez Giménez sobre el caso maligno y satánico de Carlos Morales Feliciano Vs. Carlos Romero Barceló, va ya a cumplir 25 años de litigio y ni así han podido resolver nada, solo malgastar el dinero del pobre indefenso que paga contribuciones al fisco y los confinados siguen de mal en peor en las prisiones de Puerto Rico, o es que acaso todo lo que tocan ciertos abogados en vez de convertirlo en oro lo dañan más que su estado natural cuando empezaron su caso, hay sectores que afirman que Pérez Giménez tiene una piquita en función con este caso y no lo dudamos, pero ¿quien investiga esta percepción del pueblo?.

 

La osadía de la Corporación Acción Civil de Puerto Rico de atreverse a decir públicamente que defienden a los confinados es algo que rompe fuente, ¿donde es que defienden si algo?, o es que son muy ineptos y siguen con un pleito sin ton ni son, porque cada día se complica más las actuaciones de La Administración de Corrección en violación a los derechos civiles, no le permiten ahora que los familiares les lleven ni siquiera comida saludables y ricas a los suyos, porque Miguel Pereira quiere ganar y arrebatarle lo del pobre. Siguen además con unas clasificaciones todos reburujados, los de pensiones alimenticias juntos con asesinos confesos, ect dando a lugar la creación de un post grado de delincuencia para todo el que entre al sistema carcelario de Puerto Rico y los jueces como Eduardo Estrella González de Fajardo, convirtiéndose cada día más en cómplices de esta afrenta al Pueblo Puertorriqueño. Hasta cuando esto seguirá o quien parará estos desmanes y desfachatez de los jueces trogloditas.