Edición del 6 de noviembre de 2004.

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PERFIL DE UN OPTIMISTA

El Dr. J. Tilghman dice: Un optimista es aquel que sabe cómo sacar sol y alegría de un día nublado y triste. El optimista siempre tiene varias causas de existencia, un gran sentido de utilidad, un claro sentido de trascendencia.

Los optimistas, son altamente positivos, energizantes, esperanzadores, suben montañas, abren caminos. Están preñados de Fe, dan caricias, son nutrientes; sueñan, son solidarios y afectivos, capaces de verle el lado bueno y positivo a las cosas; sencillamente son objetivos y racionales, en su modo de ser y de actuar.

Un optimista no le derrota el perverso social, ni la cultura del miedo, ni los prejuicios, ni el chisme, y menos los auto derrotados, ni los miserables sociales. Un optimista aprende que su norte es él, que su protagonista es su propio “ yo”, sus éxitos tiene él que conquistarlos; afronta las dificultades con alegría, se crece en los obstáculos, en fin, aprende que el después es ahora, y si algo sale mal, hay que volver hacia las metas trazadas.

La fortaleza de un optimista está en su condición de ser persona, en aprender a manejarse con equilibrio, con ética, con eficiencia y eficacia.

Aprenden de los obstáculos, pero nunca se culpan, saben que es mejor aceptar que hay circunstancias que en ocasiones no les favorecen, sin embargo, siguen adelante, sin aislarse y sin dejar que le destruyan las circunstancias, ni los perversos sociales. El optimismo es una psicología de vida que sabe que existen las derrotas, las frustraciones. Pero, como los buenos soldados siempre se levantan, es un militante social que siempre tiene una utopía que derrotar, un ideal, un sueño, una esperanza. Recuerden que la esperanza es la pasión de lo posible, y lo posible se consigue con el día a día, con la sabia espera. No importa la velocidad de los otros, un optimista sube altas montañas porque confía en sus propias piernas. Usted puede ser un optimista, se aprende, es una filosofía que jamás nadie, le asesine su esperanza, ni sus sueños, ni sus metas, y mucho menos, que le ponga la distancia a sus pasos. O sea, la psicología de un optimista no la derrota nadie.