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LA JUSTICIA ES UNA PERRA FLACA QUE SOLO MUERDE A LOS HUMILDES LOS JUECES SON POLÍTICOS DE OFICIO PERO NO DE VOCACIÓN SON POLITIQUEROS.
Por José Cheo Cruz
Ninguna sociedad puede alcanzar niveles apreciados de desarrollo económico, social y político si primero no cuenta con una administración de la justicia independiente, o sea la llamada y cacareada independencia Judicial que en Puerto Rico suena ya algo trillado y ridículo, cuando vemos que todo el que quiere algo justo para el busca el tribunal que cree puedes manipular y si es un caso electoral político y/o criminal con ribetes de persecución política ni hablar, se violentan todas las reglas de probabilidades existente como los casos contra los políticos en Puerto Rico de reciente creación en esta administración gubernamental se ha acrecentado aún mas pero siempre ha existido.
Véase el caso del Hon. Eduardo Estrella que se pinta como súper estricto pero le temblaron las rodillas cuando se le llevo el caso de Carlos Mercado Guzmán alegó sacarse una falsa incuria, o el del Juez Bernardo Colon Barbosa quien se goza encerrar a los hijos de los pobres en Puerto Rico quienes lo han bautizado con el sobre nombre de Bernardo el cerdo, el caso de Santos Serrano vs. Estado Libre Asociado, reseñado por este periódico, donde el Tribunal Supremo colmó la copa al negar un debido proceso de ley a este y a todos los confinados de Puerto Rico que la Administración de Corrección les viola impunemente los derechos a los pobres y protegen los ricos abiertamente.
De manera que la administración de la justicia en Puerto Rico no es imparcial, ni eficiente, ni capaz y mucho menos pronta. Esa es una verdad de Perogrullo. Pero no obstante, luce olvidada y despreciada en nuestro medio.
Cuando la justicia se aplica con dependencia de los poderes lácticos, de esos endemoniados monstruos que con sus mil tentáculos desnaturalizan las instituciones, todos los miembros de la sociedad, unos más y otros menos, lo pagan caro. Nadie está seguro. Y los derechos fundamentales, incluyendo el derecho a la vida, son conculcados sin miramientos. La sociedad que padece ese mal como la Puertorriqueña, donde el pueblo solo cree en la Justicia Federal y no en la Estatal porque todos sabemos que son dirigidos por presiones y sentimientos políticos partidistas, dependiendo quien los ha nominados a sus puestos, esto es un caso patético y tragicómico para nuestra sociedad y avanzamos sin demora a pasos agigantados hacia un régimen autoritario en ese campo, en el cual se impone la voluntad del más fuerte o poderoso.
Pero nadie se engañe creyendo que esos poderes lácticos sólo operan desde afuera del poder judicial. Sería un error garrafal. La independencia de la justicia tiene que lograrse frente a las fuerzas externas y frente a las fuerzas internas pero para ello los jueces no pueden depender sus nombramientos y renominaciones, de las fuerzas políticas, se impone modificar el método de nombramiento y que sea el pueblo directamente que los nombres por un periodo de 8 años por la fuerza del voto del pueblo. Muchas veces las presiones externas son más fáciles de manejar que las internas. Sobre todo porque aquellas operan con un aliento de ilegitimidad. Por tanto, tienen que manejarse con métodos que no dejen dudas de su avasalladora voluntad. Mientras las internas son más sutiles en sus actuaciones, en razón de que se sienten en su casa. Saben apelar o al principio de autoridad y jerarquía, con la subterránea connotación de castigo o premio, o a mal entendida fraternidad y peor comprensión del compañero verdadero.
Para quienes representan los poderes lácticos, el juez que actúa con criterios independientes es su enemigo, Frente a él guardan las apariencias. Detrás, preparan el golpe artero.
Sin embargo, esos señores saben manejar la hipocresía. Son capaces de teorizar sobre la necesidad de la independencia del Poder Judicial. Llegan a realizar severas criticas cuando uno de sus competidores da señales de que controla ciertos estamentos de la justicia. Así se manifiestan como adalides del fortalecimiento de la Judicatura.
Uno no puede más que reírse cuando dicen que el juez debe ser mal agradecido. Afirman que así no tendrá compromisos, salvo con el derecho y la verdad. Porque la exhortación es para que se ejerza contra los otros. Jamás frente a ellos.
La doble moral campea por sus fueros en nuestra Isla. Lo que es bueno para unos, sin importar los principios que se sustenten, es malo para otros. Todo dependerá de quien esté detrás del beneficio. Así ninguna sociedad puede avanzar hacia el progreso. Para muestra con un botón vasta véase el caso de PNP Vs. Efraín Del Valle en Carolina por un simple bingo fue descalificado en cambio Carlos Mercado Guzmán violo todas las leyes electorales habidas y por haber y no fue descalificado y corrió aunque el pueblo posteriormente fue el juez implacable impuesto por Dios, aunque lo llamaran por el celular la Charvonier, este no le hizo cazo y lo derrotó.
Ahora bien, cuando sus intereses o los de sus relacionados son discutidos en los tribunales, olvidan el discurso sobre la necesaria independencia del Juez. Son, cuando hay imparcialidad no hay justicia genuina. Esta, lejos de mantenerse como una dama digna y decorosa. Se convierte en una prostituta. Y el ámbito en que opera se transforma en un antro de vida licenciosa y corrupta.
Afirmamos que la justicia tiene que ser honesta, eficiente, capaz y pronta, porque de lo contrario puede administrarse con depravación y cuando ya no tiene razón de ser. También podría llegar como excelente medicina, pero cuando el enfermo ya es cadáver. Además, toda justicia retrasada es justicia denegada. La eficiencia y la capacidad del administrador de justicia llevan necesariamente a la prontitud y eficacia en la solución de los casos sometidos a su consideración.
Cuando la justicia no es independiente e imparcial, eficiente y honesta, capaz y pronta no la respeta nadie, por eso las reincidencias delincuencial en nuestro país. Los nefastos efectos que esto produce se ven y se sufren por doquier. Los ciudadanos persiguen la solución de los conflictos valiéndose de medios personales. La venganza privada, con toda su secuela de males, se institucionaliza. La ley de la necesidad y el sálvese quien pueda pasan a ser normas supremas de la supervivencia.
Lamentablemente, en la sociedad puede haber justicia verdadera o justicia falsificada. Cada uno, con su acción o inacción, decide la que tendremos.
En este próximo cuatrienio la cosa se pone peor porque si madura como pinta habrá que rebuscar los nombramientos incluyendo la de dos jueces del Tribunal supremo que de seguro el senado los colgara varias veces ante de aceptar alguno, porque los principales criterios es el grado de militancia que hayan presentado los candidatos en sus carpetas politiqueras. Debemos levantar nuestra voz de protesta para que ese sistema cambie radicalmente exigiendo todo el poder para el pueblo a través del voto directo. Seguir como hasta ahora sería seguir nombrando jueces politiqueros de acción y faltos de vocación, para impartir justicia verdadera y no ficticia. |