¡QUE POCA VERGUENZA!

Por José Cheo Cruz

El miércoles 12 de septiembre de 2007, fue asesinado vil mente y en pleno recinto policíaco de  Yabucoa el teniente Jesús Fernández Hernández a mano del sargento sádico y asesino a sangre fría Carmelo Ramos Soto, mientras se demuestra la irresponsabilidad e ineficiencia del comandante de área Edwin Rivera Merced un Popular del corazón del rollo, otros varios oficiales y varios miembros de la división de Droga fueron arrestados por el FBI en Mayagüez y otros por el NIE los primeros por fabricar casos a ciudadanos indefensos y los segundos por darles protección a cargamentos y a  delincuentes, todos han sido expulsados, sumado a la masacre de Las Piedras y el vil asesinato de Humacao, estos son  faltas graves en el ejercicio de sus funciones. Otros Oficiales y agentes policiales dados de baja y expulsados por “sabotear” las comunicaciones internas, dándoles información a los mafiosos de bajo cuño, ¡que poca vergüenza! Hay en Puerto Rico hoy.

Y en el caso de los pertenecientes a la Dirección del Control de Drogas, por “no adaptarse a las normas éticas y morales” que rigen en el organismo es algo alarmante por problemas del maldito dinero que necesitamos todos. Las dos causas son reveladoras de la profunda degradación que ha sufrido el sentido de responsabilidad y misión que juraron asumir los hoy expulsados, que se unen así al ya inmenso grupo de sus compañeros que han sido sacados de las filas policiales por iguales o peores faltas.

La frecuente aparición de casos en que la inconducta va asociada a un contubernio con la delincuencia o con las ilegalidades de todo tipo obliga, imperativamente, urgentemente, a una drástica limpieza de todas nuestras instituciones del orden publico para restablecer la confianza del pueblo, sucio difícil pero hay que intentarlo.

La sociedad Puertorriqueña, no puede seguir permitiendo que existan, en esas instituciones, individuos deleznablemente comprometidos con los malhechores y traficantes de drogas, que han renunciado a su compromiso de servir a la Patria para convertirse en marionetas de los capos del crimen y de la corrupción.

A esos enemigos de la Patria hay que identificarlos y sancionarlos judicialmente y mostrarlos a la sociedad con todo el deshonor, la pusilanimidad y la desvergüenza con que se dejaron rendir para aliarse, por acción u omisión, con los más perversos exponentes del mundo delincuencial y más dañino, todo esto  amenaza nuestra seguridad y el orden establecido, ya nadie cree en la Policía de Puerto Rico.